18 may. 2013

ALGÚN DÍA


A pesar de que la señal de televisión de la BBC en Internet no sea al cien por cien en riguroso directo y el tiempo no haya acompañado, estos días he sido, por vez primera, testigo de una carrera en carretera a tiempo real. He visionado millones de minutos de reportajes de carreras en carretera desde que tengo recuerdo motociclista, pero rozando la cuarentena es cuando he podido tener esta experiencia, que mirando el camino recorrido y echando la vista atrás, hasta hace no muchos años, imaginar esto hubiese sido algo así como ciencia a ficción. De adolescente a principios de los noventa, la única manera de que te llegara algo sobre este mundo, era esperar a que apareciera el resumen de Duke Video del TT en VHS, gastarte la paga y recibir la preciada cinta, en el idioma de Shakespeare, por supuesto. Cuando el colegueo se enteraba que poseías semejante documento, se pegaban para ser el siguiente en tenerlo en su poder durante unos días, e incluso algún cabroncete se hacía el tonto para no devolvértela, “tío, se la ha comido el video”, “¡a que te hostio!” También nos llegaba información por algún reportaje de una página en el Motociclismo. Que me perdonen en SoloMoto, pero siempre he tirado de ese lado.

Poco a poco, en revistas como La Moto, dirigida por aquel entonces, por un tal Cesar Agüí, comenzaban a aparecer reportajes realizados en el Tourist Trophy, pero también en Daytona y otros lugares similares que nada tenían que ver con el archiconocido Mundial de Motociclismo. Respecto al TT seguía existiendo el halo de pista asesina, pero se comenzaba a tratar con cierto respecto, por la gesta que suponía, y por supuesto supone rodar a ritmo de competición por semejante circuito. Ya en los noventa, las deportivas conseguían ritmos de absoluto escándalo, había mejores neumáticos, suspensiones y frenos, pero el reto era el mismo y llevaba siendo así desde principios del siglo, y eso era muy de respetar. En España las cosas no han cambiado mucho respecto a aquellos años de mi adolescencia, pero las nuevas tecnologías, nos permiten estar en contacto de un modo más directo con los pocos que sentimos que aquello es la esencia pura de la competición motociclista. Por que no hay que engañarse aún somos unos pocos.

A nivel mundial, el Tourist Trophy debe contar con un número de espectadores escandaloso, pero en España, no creo que seamos muchos los realmente interesados en saber lo que sucede en las carreras más antiguas del planeta. Y esto es debido, siempre bajo mi punto de vista, a que si eres un neófito del tema pero te gustan las motos y no te pierdes un GP en la tele, y un amigo te cuenta que ha descubierto unas carreras impresionantes que se realizan en Irlanda del Norte y en una pequeña isla del mar de Irlanda, llamada Man, tú vas a buscar información en Google y en la primera página encontrarás enlaces en los que podrás leer “la carrera más peligrosa…”, “no se cuantos muertos en …”, es decir publicidad negativa. Resulta que tu colega te ha hablado de unas carreras auténticas y no hay más que sangre en lo primero que te vas a encontrar, y tú piensas, ¡joder! Para eso pongo el telediario. Por que te gustan las carreras de motos, pero no las sangrías. Por supuesto debe existir gente interesada en que ese primer impacto te entre por los ojos y todo se mantenga como está, y es un tema que está ahí, pero debe existir una fórmula que anule esa primera impresión, a mi modo de ver, tan negativa.

Para mí, el Tourist Trophy es una carrera que define lo que realmente es la competición del motor. Simplifica el concepto hasta la mínima expresión, un circuito cerrado, un hombre y una maquina, es decir un reto. Un escalador frente al Ama Dablam, un triatleta en la salida del Iron Man, el torero esperando a puerta gayola en Las Ventas, un surfista esperando su ola gigante en Nazaré, el Road Racer esperando a que esa mano en la espalda desaparezca…, en el Mountain Course. ¿Te imaginas algo mejor? Cuando observo como espectador algo similar, en mi interior hay una pequeña luz que se ilumina intermitentemente, pidiendo ser yo el protagonista de lo que veo. Ese anhelo, ese deseo es el que hace que crezca en ti una afición. El riesgo está presente, por supuesto, pero no es el principal reclamo. Si te gusta la velocidad, te gusta el filo de la navaja, lo cual no quiere decir que quieras clavártela. Quieres dominar el riesgo, sentir la superación personal que supone. Lógicamente como espectador, admiras a un tipo que se expone a ese riesgo, por que entiendes sobradamente que se enfrenta al riesgo, que esa pequeña parte de ti, desearía saborear. El Tourist Trophy tiene todo lo que un acontecimiento necesita para ser televisivo sin que sea preciso hablar de muerte constantemente.

España ha pasado por días en los que las carreras se celebraban en circuitos urbanos, en carreteras en cuesta y tramos de montaña. Todos los Pilotos con cierta edad, ya retirados o no, deben tener mil y una anécdotas de aquellas carreras en blanco y negro. Pero de repente un día, la palabra seguridad apareció para llevarse por delante muchos años de herencia, todo lo anterior quedó olvidado. Los circuitos urbanos plagaron nuestra piel de toro. En unos sitios más que en otros, claro. No quiero decir que esté en contra, no nos equivoquemos, pero considero que ciertas disciplinas, como los rallyes, por ejemplo, no debieron desaparecer nunca y debieron mantener un calendario nacional, también creo que las nuevas pistas podían haber cohabitado con los viejos trazados y que competiciones arraigadas, como una que me viene a la mente, el GP de Cullera, por poner un ejemplo que abría el calendario nacional, eran auténticas fiestas del motor. Allí el espectador era uno más, privilegiado por encontrarse dentro de la cazuela. No quiero decir que el Campeonato de España se celebre en Cullera, pero sí que podían haberse mantenido pruebas, no dedicadas en exclusiva a clásicas, que por cierto andan que se las pelan.

Vuelvo a mi exposición, que me pierdo en un tema del que quiero tratar en otro momento. De un tiempo a esta parte y como digo gracias a las nuevas tecnologías, han surgido una serie de personajes que tienen esa misma necesidad de divulgar la pasión que despierta en ellos el Tourist Trophy y todo lo que representa. Por citar los que considero más importantes, la serie de artículos “El año que corrimos peligrosamente” publicada en la revista La Moto, que creo supuso una renovación que atrajo a mucha gente, sobre todo jóvenes, que desconocían ese mundo tan atractivo, gracias a las andanzas de Sergio Romero y Pepe Burgaleta por aquellas carreteras lejanas. Contemporáneamente Antonio Maeso comenzaba sus participaciones, que continúan en la actualidad. El almeriense además, al buscar la complicidad con la afición a modo de financiación, ha conseguido ser un altavoz importante divulgando sus hazañas por toda España. Y por supuesto, para mí, el documental MPH Mann, dirigido por Abelardo Rendo y protagonizado por el Piloto almeriense, entre otros personajes. La película aglutina en esencia todo lo que se precisa saber sobre la carrera y no conozco a nadie con quien yo haya tratado personalmente que la haya visto y no hay quedado encantado con la información recibida. Y lo que es más importante, personas ajenas al mundo de la moto. Ya que consigue mostrar la realidad que se esconde debajo de los titulares sensacionalistas y que es básicamente que el Tourist Trophy es el reto absoluto al que un Piloto de motos puede enfrentarse en el universo conocido. La senda está abierta y unos cuantos hemos comenzado a hacer camino, poco a poco. Algún día seremos muchos aficionados deseosos de información, y en vez de encender el PC para conectarme a la BBC y ver en directo alguna Road Race vía Internet, lo haré sentado delante de la tele, explicando a mi hija quién es John McGuinness, por que a Vale, con dos años y medio, ya le tiene fichado.

MCM

Este humilde texto va dedicado a la memoria de Cesar Agüí, uno de los que me mostraron mi camino.

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