16 dic 2013

DESPERTARES

UN RELATO DEL TIBURÓN


Siete de la mañana, suena el pequeño despertador nipón de la mesilla, y después de una sesión de pelotari mata mosquero, logro acertar en el minúsculo botón que hace que deje de emitir el molesto sonido que produce.

Mientras espero que el cerebro se solidifique, porque a si es como nos levantamos, con la masa encefálica como Sae 20. Unos rasquijones de rigor en partes pudentas (y otros en partes, no tan pudentas)  oigo en la calle como pasa un gran motor en “V”, alto de vueltas; posiblemente una VTR o una Suzy TL.



Con la misma facilidad de movimientos que un Geyperman, me meto en la ducha, gracias al agua, el cerebro va pillando viscosidad y empiezo a darme cuenta de todo. Esta ducha no es la mía, esta plasticosa cortina tan hortera y profusamente llena de flores tampoco es la mía. Hago fuerza para que la niebla cervecera que me invade se valla disipando. Pero es tan espesa que podría contener picatostes.

Una vez desprendido de la pátina cervecera que me recubría, me pongo mi viejo equipo de cordura y bajo a por la moto. Al pisar la calle es cuando mis sentidos corporales, comienzan una mascletá febril de funcionamiento. El olor que entra por los conductos de mi generosa narizota es algo indescriptible, una mezcla de prado Cántabro con taller de motos de pueblo, ya que una GSX 1100 R, con más kilómetros que un ovni, ha pasado ante mí, dejando a mi lado el inconfundible aroma del Castrol recién quemado.


Salgo despacio, dejando que el agua del motor vaya tomando temperatura, que la abuela ya tiene veinte años y hay que mimarla. Cuando parece que el binomio,  moto piloto, ya hablamos el mismo idioma, me adelantan un par de alemanes conduciendo dos motos de su mismo origen,  de corte deportivo. Que a veces pienso que es antagónico, con las dos papeleras que sobresalen a los lados del motor, ya que quieras o no, estorba para los movimientos de los pinreles, por lo menos en invierno te los conservan calientes. Todavía conservo alguna marca en mis tibias de una R 1100 RT que padecí.


Pues bien, los teutones parece que llevan un ritmo alegre, pero sin pasarse, y decido pegarme a ellos. De repente, el que abre la marcha, empieza a hacer Marquecianos descolgamientos en la moto, buscando los ápices de las curvas, pero a la misma velocidad que traíamos. O está tomando referencias para algo, o está más sonao que el pecho de un gorila. Decido dejarles un poco de distancia, cuando veo que a la derecha se recorta la figura de un gran pub, al lado de la carretera. Los colegas dan el intermitente y se colocan en el amplio parking, junto a una gran mesa de madera con bancos corridos.


Una vez junto a ellos puedo observarlos con más detenimiento, Son un par de cincuentones, de tez blancuzca y mejillas como fresones maduros, Sus viejos monos Furgan, con la silueta de una pantera en la chepa, tiene algunos mosquitos incrustados de la era paleolítica y los cascos que llevan tienen todos los visos de tener más  tiros que el mosquete del Capitán Alatriste.

Por sus estertóreas risas veo que los amigos están dando una vuelta para meterse unos tragos de cerveza entre pecho y espalda, pero creo que no se les da bien, porque les caen demasiados en la boca.


Nos ponemos a hablar de nuestras viejas motos, ellos en su ingles bastante bueno y yo con mi ingles bastante…..Inventao. El que antes hacia esparavanes sobre la moto me tiene un poco desconcertao. Bajo su aspecto sobrio, que parece el director de la oficina del catastro de Albacete, aparece un tipo que, por sus movimientos y forma de hablar, si perdiera un tornillo más …Se desmontaría.

Aprovechando que el nervioso se va al pis, su compañero me explica que no le haga mucho caso, que es buena gente, pero ha sido electrónico toda la vida en la misma empresa que él, haciendo componentes para camiones, y de resultas de las pruebas de los prototipos, como las hacia su colega, tenía en el cuerpo más descargas que un video de Beyoncé en pelotas.


Le comento que en mi casa somos transportistas de toda la vida y que mi padre tenía una fe ciega en esa empresa. El dice que eran unos perfeccionistas, si les pedías que construyeran un artefacto, no obtenías lo que habías pedido…..Obtenías lo que querías.

La conversación es muy amena pero si sigo con estos personajes mucho rato me voy a montar en la moto al revés. En un rato me he echao tres pintas al coleto y no es plan.

Me despido y salgo despacio, para ver si las cervezas han hecho mella en el cuadro de mandos cerebral que pilota la moto. Tras una rápida evaluación de daños, veo que casi todos los órganos están vitales (menos el de la parroquia de Ayora, que hace tiempo que no funciona).


Voy con la visera levantada para que el aire me  arree bien en la cara. Hay una temperatura cojonuda para rodar,  el cuatro en línea va emitiendo lo que para mi es una banda sonora de emociones y mi extenso cuerpo ayuda a mi compañera en el trazamiento de la despejada carretera, cuando….(¡¡¡¡ STOP ¡!!! STOP ¡!!!!!. Estoy a punto de escribir la palabra maldita, si esa que usan los tonticos para describir amaneceres, atardeceres, enamoramienteceres y demás mierdeceres envueltas en algodón de azúcar y recubiertas con sirope de fresa con gominolas por encima………. Idílico)


En esas estoy cuando veo que la temperatura del agua está subiendo casi al mismo ritmo que qué el precio de la gasolina. En la pierna derecha algo me abrasa, miro para abajo y todo está lleno del amarillento líquido refrigerante. Tengo el pantalón y la bota empapados, seguro que alguno de los viejos manguitos ha dicho basta, y ha reventado. Me quito el guante para ver si palpando puedo detectar el problema, sigo el curso del liquido y compruebo con gran estupor que el origen de la fuga esta en……. Mi pilila.


Abro los ojos de golpe y el pánico se apodera de mí, salgo corriendo hacia el wáter, a ver si puedo arreglar en parte este desaguisado. Me siento en la taza notando que me falta el aliento y mi frente esta  húmeda como una culata vieja. Una mezcla de vergüenza y pena entra de golpe en mi cuerpo.

No estoy rodando con mi moto por la Isla de Man y encima he vuelto a mi más tierna infancia en asuntos bejigueros. Cuando se disipa un poco el sofoco, me doy cuenta de la huella tan profunda que un lugar puede dejar en el ser humano, y tu subconsciente es capaz de rememorarlo tan nítidamente…..


Lo malo es cuando tu subconsciente no esta coordinao con tu sistema meotico y ocurren percances vergonzantes….Seguro que volveré a la Isla de los Hombres Libres.

Solo en los sueños somos libres. El resto del tiempo dependemos del presupuesto.


Fotos MCM


1 comentario:

  1. grande,grande, como siempre,no fallas ni con problemas de prostata.sige asi amigo,es un placer leerte.juan angel.

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